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¿Cómo reconocer una herida crónica? 

Heridas, cortes y rozaduras

El aumento de la esperanza de vida viene acompañado del aumento de enfermedades crónicas y de pacientes que, a mayor edad, desarrollan con más frecuencia úlceras o heridas crónicas.

Una herida se considera crónica cuando no presenta señales de cicatrización después de haber pasado un tiempo razonable desde que se inician las curas. Son heridas que no suelen estar causadas por agentes externos, sino que se producen como consecuencia de enfermedades subyacentes o influencias negativas.

Los tipos de heridas crónicas más frecuentes son: úlceras por presión (o de decúbito), úlceras vasculares (también llamadas piernas ulceradas, úlcera varicosa o ulcus cruris) y el síndrome del pie diabético.

Cuanto antes se diagnostique una herida crónica, mayores serán las probabilidades de curación. Pero, ¿cuáles son los primeros síntomas que presentan las personas con estas heridas? ¿Y cuáles son los primeros síntomas de estas heridas?

  • Úlceras por presión: En este tipo de heridas es muy importante la vigilancia de las zonas que están sometidas a mayor presión. Los primeros síntomas pueden ser la decoloración y el endurecimiento (induración), un aumento de la temperatura local e incomodidad. También pueden formarse ampollas.
  • Úlceras de la pierna: Las heridas vasculares crónicas normalmente aparecen en la parte inferior de la pierna, alrededor del tobillo aunque pueden surgir, en función de su causa, en cualquier parte de la extremidad inferior.  Los síntomas de alteración en la circulación venosa que se observan en las personas afectadas a medida que avanza esta dolencia son: inflamación de los tejidos, hiper o hipopigmentación de la piel, eccema por estasis y una sensación subjetiva de presión o bloqueo en las piernas (especialmente por la noche).
  • Síndrome del pie diabético: El síndrome del pie diabético se produce como consecuencia del deterioro crónico que la diabetes mellitus ocasiona en la circulación sanguínea o en los nervios.La pérdida de sensibilidad al dolor y a la presión, que en el fondo actúan como alertas, es una de las causas de la ulceración en pacientes diabéticos. Incluso las lesiones más leves pueden derivar rápidamente en úlceras, de ahí la importancia de tomar medidas preventivas para proteger el pie.

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