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14 de diciembre, 2021
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¿Cómo afecta el divorcio a un hijo? Separaciones y el síndrome de asimetría

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Las separaciones matrimoniales suelen ser procesos duros y complicados, y si hay hijos de por medio mucho más. Tanto es así que muchas parejas mantienen su convivencia a pesar de que la relación esté rota, y todo por los niños. Sin ánimo de juzgar este tipo de decisión, que suele constituir una fase pasajera por la que casi todas las parejas próximas a separarse pasan y que puede durar incluso años, tenemos que decir que no es la mejor de las opciones. Bien es cierto que todo el mundo necesita un tiempo de reflexión, y que en medio de una crisis matrimonial las prisas no son buenas consejeras, pero llegado el momento la alternativa más sabia es cambiar el rumbo. Si hay algo imprescindible para los niños es el cariño y el amor, y crecer en un hogar en el que no abundan estos ingredientes puede ser nefasto emocionalmente para nuestros hijos, con serias consecuencias en los adultos que serán el día de mañana. 

Aunque no es fácil, sí existen muchas cosas que podemos hacer para minimizar el sufrimiento de nuestros hijos si hemos decidido ponerle fin a nuestra relación de pareja. En el artículo de hoy intentaremos arrojar un poco de luz a este tipo de situaciones, tan frecuentes en el mundo actual.

El síndrome de asimetría

Alguien dijo que la principal causa de divorcio era el matrimonio, pero por esa regla de tres se podría decir también que la principal causa de fallecimiento es la propia vida… Bromas aparte, entre las principales razones que justifican una separación hoy por hoy siguen destacando algunas que podríamos considerar clásicas como los problemas económicos o las infidelidades. Sin embargo, en los últimos tiempos se ha producido el surgimiento de un nuevo factor clave para el fracaso de una pareja. Nos referimos al síndrome de asimetría.

El síndrome de asimetría se produce en una pareja cuando sus componentes se dan cuenta de que han evolucionado de forma desigual. Este fenómeno de la vida moderna suele aparecer alrededor del décimo quinto año de convivencia, entre los 40 y los 50 años de edad.

Entre los síntomas del síndrome de asimetría se pueden contar los siguientes:

  • Dualidad pasivo-activo. Uno de los miembros de la pareja decide y el otro acepta o acata lo que el primero establece.
  • Mala comunicación. Hay que tener en cuenta que la comunicación es el fundamento de toda buena relación. Una comunicación mediocre suele ser premonitoria de una ruptura.
  • Roles estáticos. La falta de flexibilidad representa otro de los problemas a la hora de sostener un matrimonio o una pareja. A veces es importante salir de nuestra zona de confort para mantener el interés y la motivación.
  • Desconexión emocional. Se produce con el desgaste de nuestro vínculo. El otro deja de importarnos.
  • Reproches constantes. Una de las partes asume el rol reprochador y la otra el de perseguido. Esta dinámica acaba por minar la relación.
  • Falta de tiempo de calidad juntos. El estilo de vida a veces hace que veamos a nuestra pareja solo a la hora de irnos a la cama. Esto pasa factura con el tiempo, pues tal y como el roce hace el cariño, la falta de roce genera indiferencia.

Los expertos señalan dos tipos de asimetría: vertical y horizontal. La asimetría vertical nos muestra una pareja en la que existe una clara jerarquía. Esto es, un miembro se sitúa por encima del otro.  En cambio, en la asimetría horizontal el principal problema es la distancia. O lo que es lo mismo, no existen puntos de encuentro y la comunicación se vuelve infrecuente y de muy baja calidad.

Por supuesto antes de tomar una determinación radical que ponga fin a nuestro matrimonio por esta razón existen cosas que podemos hacer. Tomad en consideración las siguientes recomendaciones:

  • Detectarlo a tiempo. Como sucede con casi todos los males, una rápida detección facilita una rápida intervención, y, por lo tanto abre las puertas a una posible recuperación antes de que el daño vaya a más.
  • Intercambiar roles. Puede ser costoso salir de la rutina y la inercia establecida durante años, pero pequeños cambios en nuestra manera de comportarnos diariamente pueden marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso de la pareja.
  • Buscar la conexión y la intimidad. Algo tan sencillo como dar un paseo juntos y hablar puede revitalizar la relación.
  • Hacer cosas juntos, pero también separados. Lo más inteligente es buscar la armonía entre las actividades en pareja y las actividades fuera de la pareja. Uno de los mandamientos de toda relación debería ser no dejar de lado nuestras aficiones ni nuestras amistades.

Cómo afecta el divorcio a los hijos

Un divorcio conflictivo suele suponer una serie de cambios drásticos a nivel socioemocional cuyos efectos pueden resultar nocivos para los menores. Entre estos cambios destacan:

  • Pérdida de poder adquisitivo. Las separaciones suelen llevar aparejadas cierto empeoramiento económico para los miembros de la pareja, puesto que los gastos dejan de compartirse.
  • Cambio de residencia, escuela y amigos. Este es uno de los factores de mayor impacto para los hijos de un matrimonio roto. 
  • Convivencia forzada. Ni la elección del progenitor con el que convive es siempre la que el niño quiere, ni los miembros de la familia de este progenitor que ayudan a la conciliación quedándose a cargo del menor cuando aquel lo necesita son elegibles por parte del niño. Esto puede suponer un verdadero problema de incompatibilidades, en el que es el menor el mayor perjudicado.
  • Disminución de la acción del progenitor con el que no conviven. El ex miembro de la pareja que no está permanentemente con su hijo deja de ejercer una influencia constante en él, con todo lo que ello conlleva.
  • Introducción de parejas nuevas. Dentro de la adaptación a la nueva situación puede estar la presencia de una pareja del padre, de la madre o de ambos, que tendrá que ganarse a pulso la confianza de los pequeños, lo cual puede llegar a ser muy costoso en algunas situaciones.

Todos estos factores pueden afectar de diferentes maneras a los más pequeños en función de su edad, de su personalidad y del tipo de separación.

Uno de los puntos que más estrés suele generar es la exposición al conflicto de los padres y, aunque no existen reglas fijas, sí podríamos señalar que existen más probabilidades de que nuestros hijos sufran si nuestro divorcio se convierte en una guerra, en lugar de llevar la ruptura de manera civilizada, meditada y respetuosa.

En caso de que un trato cordial entre ambos progenitores no sea una opción, lo más aconsejable es que cada uno de los integrantes de la pareja sepa como separar su rol de ex de su rol de padre o madre. Es decir, que aunque os resulte duro y aunque no os dirijáis la palabra, cuando vuestro hijo o vuestra hija esté delante, es fundamental que os comportéis como padres y saquéis la bandera blanca a ondear por un rato. Recordad que vuestros hijos no tienen por qué sufrir vuestras diferencias en carne propia.

Otro de los factores relevantes a analizar es la edad de los pequeños. A continuación, trataremos de resumiros brevemente el impacto que un divorcio puede tener en los menores según sus edades.

Bebés

Los bebés son extremadamente receptivos. Pueden captar los cambios emocionales de una manera muy intensa y rápida. No sería para nada extraño que, durante el proceso de separación, vuestro bebé estuviera más demandante e irritable. Contra esto la receta es clara: mucha atención, mucho cariño y practicar la relajación diariamente para no transmitirle nuestro estrés.

Niños en edad preescolar

Los niños de esta franja de edad no comprenden la situación a nivel racional, sino que absorberán y canalizarán los hechos de diferentes maneras emocionales e incluso somáticas. Por ejemplo, con retrocesos en el desarrollo: mojar la cama, infantilizar su habla, rechazando algunas comidas, teniendo pesadillas, agresividad, miedos… En algunos casos incluso manifestarán físicamente el trance con dolor abdominal y vómitos.

Preadolescentes

En esta fase del desarrollo, los síntomas de un divorcio mal llevado pueden ir desde una bajada del rendimiento escolar hasta problemas graves de conducta, como ruptura de normas o comienzo de hábitos tóxicos. Lo que suele ser un factor común en estas edades es la pérdida de autoestima. Por esta razón debemos tratar la separación con delicadeza y con el máximo respeto hacia nuestros cachorros.

Adolescencia

Puede que sea la edad en la que los menores acusen más una separación conflictiva. Depresión, consumo de drogas, baja autoestima, incapacidad para establecer vínculos afectivos, etc. La gama de consecuencias en este segmento de edad es amplia.

Para finalizar, y resumiéndolo todo bastante, tened en cuenta que una buena comunicación con vuestros hijos y un trato respetuoso entre los miembros de la pareja, son ingredientes fundamentales para minimizar el impacto de una separación en los más pequeños.

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