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13 de abril, 2021
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Cómo cultivar tu optimismo y ser más feliz

como ser optimista y ser feliz

¿Eres de los/las que siempre ves el lado bueno de las cosas? ¿Pones tu énfasis en lo positivo en lugar de centrarte en los aspectos negativos? Si las respuestas son afirmativas, ¡enhorabuena! Eres un o una optimista sin remedio. Si por el contrario sueles ser víctima de la frustración, del dolor, de la inacción… ¡También estás de enhorabuena! Hemos escrito este artículo para ti y seguro que te ayudará a dar el paso hacia una forma de vida más vitalista.

Aunque definir lo que es la felicidad haya sido un verdadero reto a lo largo de la historia, sí sabemos que uno de los ingredientes que no deben faltar en la receta es el optimismo. Decía Eduard Punset que “la felicidad está en la antesala de la felicidad”. Si esto es así, y lo bueno de la vida se encuentra en el camino hacia la meta, el optimismo sería algo así como un superpoder para descodificar en clave positiva cada uno de los eventos de nuestra senda vital.  O, por decirlo de una forma más prosaica, el optimismo sería la tendencia a juzgarlo todo en su aspecto más favorable (como nosotros dándote la enhorabuena por ser pesimista al principio de estas líneas 😉).

Bromas aparte, el optimismo es la actitud que nos permite valorar positivamente cada una de nuestras circunstancias, habilitándonos para superar los obstáculos con perseverancia y motivación. Y no, un optimista no es alguien mal informado, como muchos pesimistas suelen decir. No se trata de eso, se trata más bien de aceptar las dificultades y tratar de superarlas con esperanza; de crecer y de mejorar.

Características de una persona optimista

La gente optimista es más hábil a la hora de identificar los problemas, y tienden a ver esos problemas como un reto y no como una amenaza.  

Los optimistas se centran en aquello que pueden controlar y cambiar, aceptando lo inevitable y pasando página si corresponde.

Al contrario que la gente negativa, la gente con el don del optimismo pide ayuda cuando la necesita y usa el humor ante la adversidad. Dónde una persona pesimista ve fracaso, una optimista ve aprendizaje.

Alguien optimista jamás se compara con los demás, sino que vive su vida a su manera consciente de que nadie es más ni menos que nadie.

La motivación es otra de las características de la gente optimista. Una persona optimista lucha por lo que quiere, planteándose metas elevadas pero alcanzables, sin importarle la aprobación de terceros. La fuerza o motivación para alcanzar sus objetivos reside en su interior. Es lo que en psicología se conoce como locus de control interno, gracias al cual el optimista entiende que todo lo bueno que le pasa se debe a su valía personal, a sus habilidades y cualidades; mientras que las cosas no tan buenas que le suceden dependen de causas externas.

Las personas optimistas destacan por tener una buena autoestima, por lo que su trato con los demás tiende a ser amable y respetuoso.

Ventajas de ser optimistas

Ser optimista es una ventaja para nuestra salud física. Entre los muchos beneficios para nuestro organismo de ver el vaso medio lleno destacan por ejemplo la reducción del riesgo de enfermedad cardiovascular, o la mejora de la respuesta inmunológica.

En cuanto a las mejoras que una actitud positiva ante la vida puede traer para nuestra salud mental, tenemos por ejemplo un mejor afrontamiento del estrés, un mayor nivel de bienestar personal, mejores relaciones con los demás y mayor éxito laboral y académico. Además, el optimismo es un factor de protección contra uno de los males más terribles de estos tiempos: la depresión.

Como ves, los atributos de alguien que vive en el lado brillante de la vida son muy deseables para cualquiera. Sigue leyendo para conocer la manera en la que puedes cultivar tu optimismo para lograr la felicidad.

Consejos para ser más optimista

  • Ofrece ayuda. La solidaridad con los que nos rodean aumenta nuestros lazos sociales, que son esenciales para nuestra felicidad. ¿Has oído hablar del karma? Pues podría ser una forma un tanto mística de explicar que nuestra generosidad y nuestros buenos actos con los demás llenan nuestra vida de cosas buenas.
  • Pasa más tiempo con los tuyos. Muchos estudios han demostrado la correlación positiva que hay entre un círculo familiar y de amistades amplio y la sensación de felicidad. La familia y los amigos influyen en nuestra vida para bien, reforzando nuestra confianza en nosotros mismos y afianzando nuestro sentimiento de pertenencia grupal.
  • Muévete. Mens sana in corpore sano, ¿te suena? A estas alturas es bien sabido que una vida activa no solo aumentará tu esperanza de vida, sino que también mejorará tu estado de ánimo notablemente. No se trata de ser deportistas de élite, sino más bien de abandonar el sedentarismo. Así que ya sabes, si quieres entrar dentro del grupo de los optimistas empieza cambiando el sofá por las zapatillas de deporte.
  • Tómatelo con calma y vive en el ahora. Seguimos con citas en latín. Ahora vamos con otra que seguro que también conoces: Carpe diem. Se podría decir que muchas y muchos de nosotros vivimos hoy por hoy instalados en el estrés. El ritmo vertiginoso al que debemos adaptarnos es la raíz de muchos de los males de la sociedad moderna. Frente a este problema te proponemos que respires profundamente y te concentres no en lo que está por venir, ni tampoco en lo que ha pasado ya, sino en el momento presente; en el ahora.
  • Sigue aprendiendo. Dicen que el saber no ocupa lugar. No discutiremos si este dicho es estrictamente científico o no, pero lo que si podemos afirmar con rotundidad es que el conocimiento mejora nuestra vida de diferentes formas. Por una parte, nos protege contra la peligrosa apatía y la inacción, y por otra aumenta nuestra creatividad y nuestras capacidades cognitivas. Además, aprender algo nuevo siempre supone una buena dosis de autoestima.
  • Planifica tus objetivos. Es establecimiento de metas personales es fundamental para nuestra motivación, siempre y cuando se trate de objetivos realistas y alcanzables. Otro aspecto a tener en cuenta es la sensación de logro. Esta sensación es muy beneficiosa para nuestro estado de ánimo y se consigue precisamente a través de ir resolviendo pequeñas metas en pequeños plazos, así que recuerda mantener tu calendario personal de submetas diarias actualizado.
  • Mejora tu resiliencia. Resiliencia es esa capacidad que nos permite superar los malos tragos de la vida y seguir adelante. El arte de saber reconstruirse y reorganizarse a pesar de los posibles eventos negativos que puedan afectarnos. Aprender a aceptar y minimizar el impacto de las emociones negativas es clave para que el optimismo aparezca en nuestras vidas.
  • Quiérete. Relativizar nuestros propios defectos y potenciar nuestros puntos fuertes nos abre el camino hacia el optimismo. Aceptarnos tal y como somos es uno de los principales cimientos de la felicidad.
  • Cultiva tu espiritualidad. Ten en cuenta que para ello no es necesario tener un sistema de creencias específico, y que no tiene por qué tener conexión alguna con el culto religioso. Se trata más bien de una conexión con uno/una mismo/a, de desarrollar un propio sistema de valores personales y de encontrar un sentido a la existencia. La espiritualidad alivia nuestro estrés mejora nuestra relación con el mundo y con nosotros mismos. ¿Dónde puedes encontrarla? Prueba en la música, en la naturaleza, en la meditación…
  • Tiende más a la gratitud que a la queja. Esto no significa que no puedas desahogarte si lo necesitas, pero vivir en una queja constante solo sirve para generar descontento en nuestra vida y en la de los que nos acompañan. Recuerda siempre: eres más afortunado/a de lo que crees.

Mantén hábitos saludables para tu optimismo. Haz deporte, empieza con el yoga o la meditación, recupera tus aficiones, vuelve a escuchar música que te transporte a algún momento maravilloso de tu vida, escribe a tus amistades más a menudo…

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