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29 de marzo, 2021
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Cómo combatir la fatiga pandémica

prevenir fatiga pandemica

El 11 de marzo de 2020 la Organización Mundial de la Salud declaraba que la situación de emergencia ocasionada por el brote epidémico de COVID-19 constituía una pandemia.

Más de un año ha pasado ya desde que saltaron todas las alarmas con el inicio de este problema sanitario sin precedentes en la historia reciente, que ha tenido (y sigue teniendo) unos efectos devastadores en los diferentes ámbitos de nuestra vida: salud, economía, sociedad, trabajo, etc.

Hoy os hablaremos de una de las consecuencias de la pandemia que más se está incrementando en los últimos meses: la fatiga pandémica.

Tal y como la OMS ha señalado, alrededor del 60% de la población europea se está viendo afectada por este problema, muy estrechamente vinculado a factores como la ansiedad, el estrés, la desmotivación, la depresión o la apatía.

¿Qué es la fatiga pandémica?

La lucha contra el coronavirus ha generado múltiples cambios en nuestro modo de vida. Mascarillas, distancia social, lavado de manos, confinamientos, teletrabajo… Y aunque las nuevas fórmulas sugeridas por las autoridades sanitarias para combatir la pandemia parecen haber tenido un papel decisivo a la hora de controlar la dispersión del virus, no es menos cierto que el impacto de éstas y otras medidas han ocasionado un agotamiento bastante generalizado entre la población.

El miedo a un posible contagio, la ira, el aislamiento, el aburrimiento y la incertidumbre han causado un desgaste emocional que genera gran indefensión, frustración, ansiedad, desánimo e incluso desesperanza ante el futuro.

Este cúmulo de factores negativos para nuestra integridad psicológica amenaza también el mantenimiento de las conductas de protección recomendadas por las autoridades sanitarias. De hecho, uno de sus principales peligros es que puede llevarnos a dejar de seguir las medidas propuestas. Dicho de otra manera, podría conducirnos a una “rendición” frente al coronavirus.

Uno de los factores que mejor explican la fatiga pandémica es el estado de hipervigilancia ante el Sars-Cov-2, que fuerza nuestro sistema hormonal y endocrino de manera constante, haciéndonos más vulnerables ante problemas como la ansiedad y la depresión. Si a esta hipervigilancia le sumamos la situación económica y la incertidumbre en la que nos encontramos, la privación de libertad que conllevan los confinamientos, y el resto de los cambios impactantes en nuestro modo de vida derivados de la pandemia, el resultado es el mal del que hoy os hablamos: la fatiga pandémica.

Pero no todo van a ser malas noticias. Existen maneras muy eficaces para prevenir y mantener alejado este síndrome. A continuación, os hablaremos de algunas pautas ideales para evitar este problema.

¿Cómo prevenir la fatiga pandémica?

1. El autocuidado es esencial siempre, y más en estos momentos.

  • Mantén una alimentación saludable (no abuses de la comida basura ni de los alimentos procesados).
  • Practica ejercicio 1 hora al día para armar a tu organismo con endorfinas y serotonina.
  • Cuida tu higiene del sueño (si quieres hacerlo perfecto, ¡ve a por las 8 horas!).
  • No descuides ni un minuto más tu imagen personal.

Con estas cuatro pautas conseguirás no solo prevenir la fatiga pandémica, sino tener una mejor calidad de vida en general. ¡Ah! Y no te olvides de la vitamina D. Un buen paseo a la luz del sol, sobre todo en invierno, te cargará de energía para enfrentarte a tu día a día.

2. Aprende a reconocer y a normalizar tu estado emocional durante la pandemia.

Es normal que sientas miedo, desgana o frustración en estos difíciles momentos. Lo verdaderamente importante es que sepas identificar estas emociones negativas con el fin de gestionarlas. Seguro que te servirá recordar aquella máxima del estoicismo que decía:

“La felicidad y la libertad comienzan con la clara comprensión de un principio: algunas cosas están bajo nuestro control y otras no”.

3. Keep in touch (mantén el contacto).

Una de las peores consecuencias de la pandemia para nuestro bienestar psicológico es el aislamiento. Ten presente que mantener la aconsejada distancia social no significa recluirse y renunciar a nuestras relaciones familiares y amistades. Existen numerosas aplicaciones tecnológicas para mantener el contacto con los nuestros, ¡úsalas! Recuerda que se trata de una situación temporal y utiliza este mantra: Pronto volverán los abrazos.

4. Limita la exposición a la información.

El bombardeo constante de noticias sobre el coronavirus tiene un impacto brutal en nuestro estado emocional. Lo más inteligente en estos momentos es saber dosificar esta información. ¿Te suena la palabra “doomscrolling”? Se refiere a la tendencia a consumir historias negativas una tras otra en redes sociales casi sin quererlo (fíjate la próxima vez que visites tus redes sociales en los ratos muertos). Aprende a desconectar o descansar de los medios y ponte horarios para ello. Tu mente te lo agradecerá.

5. Evita el monotema.

Piensa en la cantidad de conversaciones que últimamente acaban siempre derivando en lo mismo: el coronavirus. Centrarnos constantemente en este tema solo genera más estrés. ¿Para qué nos va a servir estar siempre dándole vueltas a lo mismo?

6. Prueba con alguna técnica de relajación y respiración para vencer la ansiedad.

Actividades como el yoga y las técnicas de respiración abdominal son muy apropiadas para lograr un estado de calma interior muy placentero.

Te recomendamos encarecidamente la relajación muscular progresiva de Jacobson. En la red podrás encontrar múltiples opciones de relajación guiada.

7. Ponte en marcha con actividades gratificantes para ti.

Ese hobby que tenías olvidado o esa actividad de tu lista de cosas por hacer que por una u otra razón has ido dejando para “más adelante”, pueden echarte un cable. Poner en práctica nuestras aficiones es muy beneficioso para nuestra salud psicológica, ya que nos mantiene con la mente ocupada y nos relaja.

8. Acude a un profesional.

Los y las profesionales de la psicología están ahí para algo. A estas alturas ya no es para nada un tema tabú el hecho de necesitar asesoramiento psicológico en determinados momentos de la vida. La psicología puede sacarte del bache en tan solo unas pocas sesiones y seguro que hay clínicas estupendas muy cerca de ti. Si sientes que todo esto te sobrepasa, no esperes más y concierta una cita.

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