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26 de noviembre, 2019
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Cómo tratar los mocos de tu bebé

como tratar los mocos de tu bebe

Vuelve el invier… ¡AAACHÍS!

Perdón.

¿Qué os estaba diciendo? ¡Ah, sí! Eso, que llega la estación más fría del año y con ella los catarros.

¿Qué es el resfriado o catarro?

El catarro o resfriado es una infección vírica y muy contagiosa del sistema respiratorio superior, causada normalmente por dos tipos de virus: el rinovirus y el coronavirus.

Entre los síntomas más comunes del resfriado, que suele durar entre tres y diez días, podemos encontrar estornudos, dolor de cabeza, ojos llorosos, picor o dolor de garganta, tos, cansancio y.… mocos ¡Molestos y abundantes mocos!

Si tienes niños en edad preescolar seguro que ya estás más que familiarizada con estos viscosos huéspedes nasales. Y es que se trata de un cuadro de síntomas muy habitual en los primeros años de vida, sobre todo si los niños van a la escuela infantil.

Más de una vez te habrás preguntado por qué con la bajada de las temperaturas tu bebé se convierte en una pequeña fábrica de mocos. A continuación, intentaremos arrojar un poco de luz sobre este tema.

¿Por qué hay más resfriados en invierno?

Tenemos que empezar por aclarar que esto no sucede exactamente así. Más que atribuir una mayor presencia de mucosidad exclusivamente al descenso de las temperaturas, deberemos tener en cuenta una serie de factores que parecen predisponer a que haya más contagios de catarro durante los meses más fríos del año.

  1. Más tiempo con otros niños en espacios cerrados. Durante las épocas más frías, los niños pasan muchas horas en contacto con otros niños en espacios cerrados como escuelas infantiles, centros lúdicos, etc… Esto facilita que los virus se propaguen con facilidad por contagio directo.
  2. Virus resistentes al frío. Al parecer los virus cuentan con un sistema de protección en forma de capa elástica compuesta por material graso que se endurece en presencia de temperaturas bajas y se derrite con el calor. Esta capa protectora permite que el virus pueda pasar de persona en persona fácilmente en los meses fríos y se debilite con la llegada del calor.
  3. Nariz fría. Como seguramente habrás escuchado alguna vez, cuando nos exponemos a bajas temperaturas, el calor corporal se distribuye de manera desigual por nuestro cuerpo. Esto sucede porque la sangre se retira de las partes más “prescindibles” como las manos, las orejas o la nariz, para mantener a salvo los órganos vitales. La pérdida de flujo sanguíneo en el apéndice nasal hace que la presencia de leucocitos sea menor en la zona, permitiendo una mayor expansión del virus. Por si esto fuera poco, con el enfriamiento de la nariz, los cilios o pequeñas vellosidades encargadas de detener gérmenes y demás microorganismos, se paralizan, abriendo el paso a posibles enemigos de la salud.
  4. Hogares poco ventilados. En invierno, nuestras ventanas están cerradas a cal y canto para evitar que entre el frío. Esto incrementa el riesgo de contaminación domiciliaria entre niños y mayores.

¿Qué hacer si tu bebé está resfriado?

¡Que no cunda el pánico! El catarro es una afección benigna, que se resuelve de manera espontánea casi siempre sin tener que recurrir a medicamentos.

Dado que se trata de una infección vírica, deberá evitarse siempre el uso de antibióticos, y en todo caso deberá de ser el pediatra el que determine el uso de este tipo de medicamentos si hay sospechas de infección bacteriana.

Recuerda que el uso inapropiado de antibióticos no solo no es eficaz contra el resfriado, sino que además puede causar efectos adversos en los niños y aumentar la resistencia bacteriana en la comunidad, pudiendo afectar al tratamiento de otras enfermedades.

La calma y la paciencia serán nuestras mejores armas para enfrentarnos a los resfriados en casa. No debemos olvidar que los bebés y niños pequeños tienen un sistema inmunológico aún inmaduro y que este tipo de males van a acompañarlos varias veces al año.

Lo principal será tratar de prevenir en la medida de nuestras posibilidades la aparición del resfriado. En esta línea, se ha demostrado que lavarse las manos con frecuencia es una de las claves para prevenir todo tipo de infecciones. Otra de las acciones preventivas para evitar los catarros es hacer que nuestros hijos estén bien abrigados. Sí, como has podido comprobar en el punto anterior, las abuelas tenían razón: coger frío no es nada bueno para los resfriados. Y, por último, tenemos que asegurarnos de que los pequeños duerman bien y se alimenten correctamente. De esta manera los virus lo tendrán mucho más difícil.

Si además de las acciones preventivas descritas arriba tienes en cuenta las siguientes recomendaciones, serás un hacha contra los mocos:

  1. Evita ambientes secos. Puedes utilizar un humidificador para conseguir que la mucosidad no sea tan espesa y lubricar la vía aérea. El vapor del agua caliente de la ducha viene fenomenal.
  2. Lavado nasal. Los lavados nasales con suero fisiológico favorecen la eliminación de moco espeso.
  3. Aspiración nasal. Si tras el lavado nasal vemos que asoma alguna mucosidad, podemos aspirarla suavemente con una perilla de goma. Recuerda que debes hacerlo únicamente si ves el moco porque si te pasas aspirando solo conseguirás que la congestión aumente. Os recomendamos el aspirador nasal de Lusan.
  4. Nebulizador con suero fisiológico. Te sorprenderás de lo bien que reblandece la mucosidad espesa.
  5. Hidratación. Ofrécele líquidos adecuados a su edad, como agua, zumo, sopas… Recuerda que una buena hidratación es clave para la lucha contra los mocos.
  6. Acuéstalos un poco incorporados. Esto hará que mejore mucho la tos nocturna.
  7. Miel antes de acostarse para suavizar la garganta. Otro punto para las abuelas, pero con matices. Si nuestro bebé tiene menos de un año no es recomendable el uso de miel, debido al riesgo de botulismo.

¿Cuándo acudir al servicio de urgencias?

Si ves a tu bebé muy decaído, irritable y somnoliento o si tiene dificultad para respirar (lo hace muy deprisa, se le marcan las costillas, mueve mucho el abdomen o se le hunde el pecho), debes acudir al servicio de urgencias.

Recuerda también que si el pequeño es menor de tres meses y presenta fiebre es necesario que lo valore siempre un pediatra de urgencias.

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