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28 de agosto, 2017
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Superar el síndrome post-vacacional con una sonrisa

Qué bien se está de vacaciones y qué difícil se hace la vuelta a la rutina. El proceso de adaptación tras un período de descanso se conoce como el síndrome post-vacacional. No se considera una enfermedad por la OMS (Organización Mundial de la Salud), pero sí presenta unos síntomas fáciles de reconocer.

¿Por qué ocurre? ¿Es algo nuevo? ¿Tiene algo que ver el estrés? ¿Podemos anticiparnos y evitar que la vuelta al día a día nos afecte?

Características del síndrome post-vacacional

  • Cansancio y fatiga: la vuelta de vacaciones puede ocasionar insomnio, cansancio generalizado e incluso una sensación de angustia vital.
  • Carácter negativo: al retomar la rutina, algunas personas muestran un carácter agresivo e irritable. Estos cambios de carácter provocan distanciamiento y tensiones en las relaciones sociales.
  • Malestar generalizado: incluye palpitaciones, taquicardias, sudoración excesiva, temblores, molestias digestivas y dolor muscular o de cabeza.
  • Falta de tolerancia en el trabajo: aumentan las dificultades para concentrarnos y tomar decisiones.

Cómo superar el síndrome post-vacacional de forma positiva

  • Busca motivaciones: piensa en las actividades gratificantes que te ayudan a vivir el día con ilusión. Márcate objetivos a corto plazo, piensa en tareas diarias y planes semanales que te hagan sentir bien. De hecho, puedes repetir algunos de los hábitos vacacionales en tu tiempo libre: desayuna fuera y con calma, aprovecha las horas sin sol para dar paseos, queda con amigos, practica deporte, aliméntate de forma saludable y pasa más tiempo con tu familia. ¡Y hay más! Casualmente, estamos en fechas en las que se reinician cursos, talleres, clases formativas y lúdicas. Acércate al centro cívico, biblioteca o gimnasio más cercano para conocer su oferta y dedicar tus ratos de ocio a una actividad que te haga sentir realmente bien.
  • Incorporación gradual: recupera tus hábitos poco a poco. Si ya sabes el día que vuelves al trabajo, aprovecha las jornadas anteriores para respetar los horarios del resto del año: madruga un poco más, come a la hora a la que sueles hacerlo, recupera rutinas de descanso y tiempo con los niños… Es importante ir de menos a más progresivamente, así se evitará el estrés y el cansancio. Si es posible, incorpórate a tu rutina un día a mitad de semana, así se te hará más llevadero.
  • No te anticipes al estrés: en los días previos al fin de las vacaciones comenzamos a pensar en lo que nos espera ¡y muchas veces de forma negativa, dramática y desproporcionada! Si es tu caso, no te anticipes a las situaciones de estrés gratuitamente. Organízate en casa y en el trabajo y piensa en las cosas buenas de tu vida rutinaria: los compañeros con los que te lo pasas bien, los proyectos laborales que te motivan más, los objetivos que estás a punto de cumplir… ¡Y los apacibles fines de semana tras una semana de trabajo! Deja de evitar lo que sabes que va a ocurrir y pon tu grano de arena para que las cosas salgan bien y resulten apetecibles.

En general, el síndrome post-vacacional genera situaciones de malestar pasajero que desaparecen espontáneamente y no deben durar más de 15 días. Si el proceso de adaptación se alarga más de este tiempo, tienes un nivel de tristeza mayor del habitual, lloras o incluso sientes ansiedad, acude a tu médico o a un profesional de la salud mental que te ayude a afrontarlo.

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