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19 de noviembre, 2015
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Pesadillas infantiles y terrores nocturnos

Imagen de un niño durmiendo en la cama

Cuando llega la hora de irse a la cama, muchos niños sufren pesadillas o terrores nocturnos, ante la impotencia de los padres, que no saben cómo actuar. Francesc Bosch, psicólogo especializado en niños y adolescentes, nos explica más sobre estos trastornos del sueño y nos proporciona algunas claves para afrontarlos.

Redactora: ¿Qué son los terrores nocturnos? ¿Son lo que conocemos como pesadillas?

Francesc Bosch: No, debemos diferenciar un concepto del otro. Los terrores nocturnos serían parte del proceso evolutivo del niño. Se dan mayoritariamente entre los tres y los cinco años de edad, momento en el que el niño empieza a interactuar de forma más activa y autónoma, lo que también va despertando más ansiedades de separación que pueden vivirse de forma muy intensa y terrible, pero que al mismo tiempo forman parte del desarrollo y maduración del niño.

R: ¿Cuál es la diferencia entre terrores nocturnos y pesadillas?

F.B: La gran diferencia es que el terror nocturno es un suceso que el niño, cuando lo acaba de vivir, no puede contar; solo queda el recuerdo del impacto emocional intenso de angustia y terror, pero no hay una imagen mental para recordar. Muchas veces tampoco recuerda nada de la agitación o del suceso en sí. La pesadilla, que es un suceso que pude darse a lo largo de la vida, es algo que el niño puede llegar a explicar y a narrar. No hay una desesperación tan extrema como en el terror nocturno.

R: ¿A qué edad suelen aparecer y hasta cuándo duran?

F.B: Los terrores nocturnos que aparecen desde los tres hasta los cinco años son considerados como algo dentro de la normalidad evolutiva. Pueden darse hasta los doce años, pero en niños de estas edades hay que observar y abordar qué es lo que sucede, porque son síntomas de algún trastorno subyacente que debería afrontarse. Dentro de la normalidad, irán remitiendo a medida que el niño vaya madurando, siendo más consciente de sus actos y alcanzando una mejor comprensión de su entorno.

R: ¿Por qué unos niños padecen terrores o pesadillas y otros no?

F.B: Los terrores nocturnos se han descrito en niños que están muy fatigados y con estrés. Las rutinas de sueño, como por ejemplo dormir en un entorno nuevo o lejos de casa, o también si están tomando alguna medicación son factores que se ha descrito que pueden favorecer su aparición. El entorno y las relaciones que tienen influyen en gran medida en su estado emocional y, consecuentemente, en tener terrores nocturnos. Las pesadillas, por otro lado, son algo más habitual y resultan normales; incluso suceden en la vida adulta en momentos de más alteración emocional.

R: ¿Qué pautas podemos seguir para combatir las pesadillas?

F.B: Cuando un niño sufre pesadillas, lo primero es no inquietarse ni alterarse. No es necesario hablar mucho, sino abrazarlo y calmarlo con el contacto físico, es decir, realizar una contención física y emocional. El niño necesita sentir que está protegido para ayudarle a diferenciar la realidad del sueño. Poco a poco se le puede ayudar a ponerles palabras, a expresar cómo se debe de haber sentido y a explicar lo que ha soñado para que vea que no es real, sino fruto de sus sueños. El niño se calma si los padres transmiten calma y calidez, y no alimentan la pesadilla. Si un niño ve a los padres nerviosos, reforzará la fantasía de que la pesadilla puede llegar a ser real.

R: ¿Y para acabar con los terrores nocturnos?

F.B: Los terrores nocturnos, como parte del proceso evolutivo que son, se deben poder tolerar e ir abordando hasta que vayan remitiendo con el paso del tiempo. Debemos relativizarlos y tomarlos como algo dentro del proceso evolutivo del niño.

¿Podemos prevenirlos de alguna manera?

F.B: Evitarlos es imposible, porque nadie puede controlar lo que sueña. Se debe ayudar a los niños a entender y diferenciar los sueños y la realidad, explicarles que las personas tenemos diferentes estados y que cuando soñamos estamos «ordenando» nuestros pensamientos y emociones, y que a veces también hay cosas que nos inquietan y asustan, que necesitamos entenderlas y hablarlas. Nunca se debe evitar hablar de lo que asusta, sino afrontarlo e ir entendiéndolo para poder tener unos sueños más «bonitos» y reparadores.

Algunos consejos prácticos para prevenir los terrores nocturnos y las pesadillas serían:

  • Mantener unas rutinas a la hora de acostar a los niños lo más relajantes y tranquilas posibles, y evitar que se vayan a la cama muy tarde y muy cansados.
  • No someter a los niños a situaciones de estrés ni sufrimiento.
  • Observar que el niño descansa bien durante el sueño y que este es de calidad.

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