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16 de septiembre, 2015
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Mi niño no come

Imagen de un niño comiendo cereales

Siempre se ha considerado una suerte para los padres que los niños coman bien y de todo. Por el contrario, aquellos niños a los que les cuesta comer o son muy selectivos con los alimentos, suelen ser motivo de preocupación y desasosiego por parte de los padres y la familia.

Si el niño no tiene ningún problema de salud, está sano y dentro de un peso normal para su edad, no podemos decir que “no come”, sino que más bien no come lo que debería. Evidentemente, si el niño tiene algún problema de salud y no come, hay que consultar con el pediatra para descartar cualquier enfermedad.

Si tu nene está sano pero estás preocupada porque cada comida es una pelea, te damos algunos consejos para que sentarte con tus hijos a comer sea un placer:

  • Comer en familia al menos una vez por semana. Es importante intentar hacer al menos una de las comidas principales todos juntos. Es un momento de unión familiar que favorece la comunicación y la cohesión entre padres, hijos y hermanos. Con esto se consigue generar el momento perfecto para que os cuenten cosas del cole, de las actividades extraescolares, de sus amigos y de cómo se sienten en su día a día. Con estas comidas familiares también conseguirás enseñarles buenos modales y animarles a probar nuevos alimentos. Proponles que ayuden a poner y recoger la mesa. ¡Verás cómo se involucran!
  • Escucha a tus hijos. No estés pendiente únicamente de si come o no, si coge bien el cubierto o si se ha manchado. Intenta escucharles con atención, poniéndote en su lugar y respetando sus percepciones y sensaciones hacia la comida.
  • Fomenta el interés por la comida. Después de hablar de las cosas importantes que les han pasado durante el día, háblales de los alimentos que tienen en el plato. Cuéntales de dónde vienen, cómo están cocinados, comenta los olores, las texturas de cada uno. Convertir cada cucharada en una experiencia les ayudará a interesarse por la comida y a descubrir mucho más sobre ella.
  • Raciones adecuadas. Teniendo en cuenta que las cantidades dependen en gran medida de la edad y las características de cada niño, intenta que el tamaño de las raciones sea el adecuado para él. Está comprobado que si los niños opinan y hacen sugerencias sobre la cantidad de comida que se les pone en el plato, comen mejor. Con este ejercicio también consigues que ellos mismos acaben detectando cuándo están saciados y no necesitan raciones mayores.
  • Reduce al mínimo las distracciones. El momento en el que toda la familia se sienta a la mesa debe ser un rato de intercambio y comunicación entre todos sus miembros. La televisión, los aparatos electrónicos o los juguetes sólo hacen que los niños se distraigan y no coman bien, además de evadirse del momento de reunión familiar.
  • A la mesa sin promesas ni amenazas. La preocupación que genera que un hijo no quiera comer, no se arregla prometiendo que si comen podrán conseguir un helado o un juguete. Tampoco se soluciona amenazando con castigos porque al final el niño acaba relacionando la comida con presiones o premios. Siempre estando tranquila y positiva, pregúntale si tiene o no hambre, si está bueno o si quiere más. Anímale también a que pruebe lo que tiene en el plato y, si es el caso, explícale que lo ha comido en otras ocasiones y que estando bien alimentado podrá estar fuerte y jugar más.
  • Acaba la comida con una sonrisa. Es posible que tu hijo se niegue a comer o simplemente lo deje tras dar dos cucharadas. Intenta negociar con él, anímale a tomar algunas cucharadas más o a comerse sólo el acompañamiento. Al finalizar, valora siempre la negociación en positivo; quizá no se ha comido todo el plato, pero sí tres trozos más de carne que ayer.

Ayúdate de estos consejos para mejorar la relación de tu peque con la comida y aprender a disfrutar de las comidas en familia, pero siempre teniendo en cuenta que cada niño es un mundo y cada uno tiene su propio ritmo.

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