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7 de junio, 2017
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Los mitos del running

De acuerdo a los datos del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, el número de personas que se autodefinen como corredores en España casi se ha triplicado en los últimos cinco años. No en vano, el documento de Recomendaciones para un Deporte Recreacional Saludable de la Sociedad Española de Medicina del Deporte afirma categóricamente que “no hay ninguna otra estrategia (nutricional, farmacológica, higiénica) que tenga tantos y tan importantes efectos beneficiosos sobre la salud como la actividad físico-deportiva”.

Sin embargo, los inicios en el “running” suelen ir acompañados de dudas relativas al equipamiento, la posibilidad de perder peso o las temibles agujetas posteriores. Y es que el “boom” de este deporte ha ido acompañado de un aluvión de información, a menudo poco rigurosa. ¿Qué hay de cierto en estos mitos?

Cinco mitos del running que puedes desterrar

“Para empezar a correr, vale cualquier zapatilla”

No cualquier calzado es adecuado para correr, pero tampoco es necesario comprarse las zapatillas más caras de la tienda. Para el podólogo Jordi Carbó, lo más importante es que las deportivas sean consistentes, que no se doblen con facilidad, pero que conserven la flexibilidad en el talón. Además, deben ofrecer una amortiguación completa y ajustada al peso, al entrenamiento y al tipo de pisada. Un truco: Mejor comprarlas por la tarde, cuando el pie se encuentra más hinchado, y prestar especial atención el día en que las estrenamos para evitar ampollas.

“Correr es malo para las rodillas”

Aunque el running es un deporte de impacto, bien ejecutado, no tiene por qué ser malo para las rodillas. De hecho, un estudio publicado en la revista científica Medicine & Science in Sports & Exercise concluyó que los corredores tienen menos probabilidades de padecer artritis que la gente menos activa. Por otro lado, los investigadores señalaron que, a pesar de que el impacto de un corredor es mayor, como da menos pasos que un caminante, la carga para las rodillas es equivalente. En realidad, la mayoría de lesiones en la articulación, se deben a una mala técnica de carrera y a la escasa fortaleza de los cuádriceps. Para evitarlas, los corredores experimentados recomiendan mantener las rodillas ligeramente flexionadas, adelantar el cuerpo para que el pie aterrice cerca de tu centro de gravedad y realizar ejercicios complementarios para fortalecer los cuádriceps.

“Entrenar con mucha ropa ayuda a perder peso”

Salir a correr excesivamente abrigado para estimular la sudoración, lejos de incrementar el gasto calórico, multiplica la deshidratación, con las consecuencias negativas que ello implica. No estaremos perdiendo peso, sino agua y sales minerales. De hecho, la recomendación de médicos deportivos como Pablo Aranda es la contraria: practicar “running” con ropa ligera y que favorezca la evacuación del sudor. De esta forma, nos mantendremos más frescos y secos, evitando la aparición de bacterias.

“Hay que correr más de 45 minutos para adelgazar”

Si bien es cierto que al comenzar a correr el cuerpo quema glucógeno y solo cuando éste se consume empezamos a extraer energía de la grasa, el cambio de fuente energética no depende tanto del tiempo de entrenamiento como de la intensidad del mismo. Por eso, hoy en día la tendencia es realizar entrenamientos de menos de una hora, pero más exigentes. Sin embargo, lo ideal es cambiar el foco y no centrarse en adelgazar, sino en llevar un estilo de vida saludable que además de ejercicio físico, incorpore unas buenas pautas nutricionales y de descanso. A la larga, acabaremos alcanzando nuestro peso idóneo.

“Beber agua con azúcar es bueno para las agujetas”

Este mito proviene de la época en que se asociaba el dolor de agujetas con la acumulación de ácido láctico en los músculos. En la actualidad, como afirma el Dr. Jose Antonio Lopez Calbet, miembro del comité científico del European College of Sport Science, el dolor responde a varios factores, que desembocan en una ruptura de estructuras musculares. Para evitarlo, lo mejor es incorporar el ejercicio de forma progresiva y no excedernos con la intensidad. De todas formas, los primeros días es casi inevitable notar agujetas. Curiosamente, la mejor manera de aliviar el dolor no es otra que realizar el mismo ejercicio que las provocó, aunque de forma mucho más suave. Así, nuestro cuerpo se irá acostumbrando poco a poco al entrenamiento y podremos ir incrementando poco a poco la intensidad.

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